Sobre los cantones y el deseo carnal del estado
de Baltazar Pérez
La última vez que estuve aquí, no me di cuenta que era un centro cívico. Sin embargo, ahí dice en grande y a la entrada. Subo la escalera de caracol y alcanzo a ver en una ventana un grupo de adultos mayores que hacen yoga, más de uno tiene una mascarilla.
Veo una puerta monolítica de vidrio opaco. ¿Hay que sacar número? No, se espera nomás. Ni siquiera le pregunté si veníamos a lo mismo. Se ve como yo, debe venir a lo mismo. Me siento al lado de otra persona que se ve como yo. Está viendo TikTok.
Miro los carteles que tiene el cantón. YO ELEGÍ SERVIR. LA BATALLA MAS IMPORTANTE ES SERVIR A MI PAÍS. El trámite es anual, se renueva cada agosto hasta el último día hábil. La primera vez que estuve aquí, fui el último día hábil. Esta vez no lo es. ESTOY PRESENTE DONDE MAS LO NECESITAN.
La persona que me dijo que solo se esperaba ya no está. No vi a nadie salir. Quizás no haya que esperar. Sube un tercero por la escalera de caracol y ya somos multitud. ¿Es aquí para el servicio militar? Sí. ¿Hay que sacar número? No, se espera. Se escuchan voces debajo. ¿Seguro que lo trajiste todo? Sí mamá. Llegan dos más al salón de espera. Uno se ve como yo, la otra no.
La madre llega, y analiza rápidamente la situación. TENGO LA FUERZA DE TODO UN EJERCITO. Con una confianza que sólo ellas pueden tener, avanza a la puerta y entra. Ni siquiera pregunta cúal es la configuración de este pacto, si esperar o pasar. Entra como quien ya sabe.
Un minuto después sale una señora. CAMBIA EL RUMBO A TU DESTINO. Está con uniforme. Pasen, podían esperar adentro. Fui engañado por el primer hombre. Confié que él sabía sobre el pacto. No solo eso, engañé a alguien más basado en ello. Había que pasar.
¿Y te rechazaron el documento? Sí, parece que en ningún lugar te lo aceptan. Él y yo nos vemos parecidos, somos hombres, de la misma edad probablemente, tenemos el mismo documento para evitar el servicio militar. Si a él no se lo aceptan, a mí tampoco. Fue hace una semana, estuve días pensando en qué hacer. Los dos somos hombres, tenemos pelo y nos vestimos en la mañana con ropa de gente que vive como nosotros, cumplimos con la edad y nos vemos saludables, el estado nos desea. Decidí jugármela y simplemente ir, en todo caso, íbamos a cantones distintos.
Primero, me equivoqué e imprimí un documento que era solo para algunos trámites, hay otro específico para este. Luego, no encontré lugar para imprimir el nuevo documento, tuve que ir en la tarde en vez de la mañana. Finalmente, ni siquiera sabía si lo aceptarían. POR MI FUTURO Y POR MI PATRIA.
¿Quién está primero? Yo tenía muy clara la cronología. Él. Me apunta el de TikTok. No, tú. Lo apunto a él. Me ofende que no sepa. Hace un gesto con los hombros y va con la señora.
Me siento a esperar. Mamá, ¿no te quieres sentar? No gracias, estoy todo el día sentada. Está apoyada detrás de un cartel que no logro leer. ¿Seguro que es ese el documento? No sé si siento desprecio o envidia de una persona que se ve como yo, pero que su madre todavía lo acompaña a hacer estas cosas. Sí mamá, es este.
Pienso en algo que también pensé el año pasado. El estado me busca, me quiere, le gusté y me pidió salir a tomar algo. Muchas gracias. Siguiente. El que recién estaba se va yendo. Camino a la mesa. El estado me desea carnalmente.
Quiero renovar mi solicitud de exención de servicio. La señora, que de repente se ve mucho más imponente que antes, me mira a los ojos. ¿Tiene su documento? Lo deslizo por el mesón. Ella lo examina con cuidado. Me imagino en uniforme camuflado y siento su deseo. Serían 1.100 pesos. La solicitud se tiene que renovar todos los años antes del último día hábil de agosto. Saco mi billetera. ¿Con qué paga?
Salgo por la puerta y veo a alguien que se ve como yo. ¿Aquí es para el servicio militar? Sí, tienes que entrar. HOY PUEDES ELEGIR EL CAMINO QUE TU QUIERAS. Quizás el próximo año llegue justo el último día hábil de agosto. Veo al mismo grupo de adultos mayores haciendo yoga, todavía llevan mascarillas.