Sobre lo nuevo y el pelo
de Baltazar Pérez
Por primera vez llego tranquilo donde Pablo. ¿Qué hacés, pibe? Es de Uruguay, y siempre me saluda así. Voy tranquilo porque le dije que llegaba a las 6:30. Son las 6:15.
Me siento en la silla giratoria y me miro al espejo. Tengo el pelo largo. Che, ¿y qué contás? Nada, pienso. Nada, lo de siempre. A todo esto. Dice mientras me pone el delantal negro. ¿Calculás el frío que hace afuera? Pablo es como una lagartija, feliz en el verano, y quejándose en el invierno. Sí, con este clima sufro. Ni quería salir de la cama hoy, boludo. Pone sus manos en mis hombros. Ya, ¿qué hacemos?
Desde hace un par de años que vengo acá. Hace poco empecé a hablar con Pablo para más que saludar y decir lo que quiero. Lo de siempre. Toma su maquinita de agua y empieza a rociar mi pelo. Pero. Me mira. Quizás probemos algo nuevo: más largo arriba. Y un poco más corto a los lados y atrás.
Realmente hace un frío de mierda. Mirá tu. Me gusta, me gusta. Sí, hace tiempo lo estaba pensando. Me alegra que le guste la idea. Algo tienen los peluqueros que uno necesita su aprobación. Quizás es esa canchería con la que andan. Simplemente deben tener la razón. Termina de mojar mi pelo y toma sus tijeras. Suena el timbre, Pablo va, abre la puerta. Changuito, ¿Qué hacés? Pasá, pasá. Entra un hombre como mi papá, pero pelado. Hablan mientras él se sienta en un sillón. Che, perdona que estoy atendiendo. Me apunta con la tijera y yo saludo con la mano. Yo pensaba que llegabas como en una hora. Me gusta como deja sonar las dobles l y las i griegas. Creo que ellos saben que a todos nos gusta un poco.
¿Y por qué pensabas que llegaba en una hora? Él no es de Uruguay. Es que siempre llegás tarde. Pero te dije que iba en camino, si digo que voy en camino es porque voy en camino. Si te digo, no sé, que llego tipo 5, te creo que pienses eso. Pero si siempre llegás tarde, ya lo empecé a calcular en mi agenda.
Empieza a tomar y cortar matas de pelo. Mira, te leo el mensaje: Hola Pablo, ¿puedo pasar ahora? Sí, respondes tú. Perfecto, voy en camino, pongo. Me sorprende su concentración. Pero ahí está la cosa, quizás estabas saliendo de la ducha o algo, tengo que poner un margen. O quizás no escucha la conversación. Yo siempre llego tarde. Sí, me sorprendió que llegaras a las 6:15. O quizás no prestaba atención a mi pelo.
Siento una gota fría de agua caer de mi nuca y recorrer mi espalda. No me está gustando el corte. El frío está brutal, ¿no Pablo? El otro cliente había puesto pausa a la discusión y estaba mirando su teléfono. Sí bueno, acá haciendo lo que se puede ¿sabés? Yo soy más de verano, con el solcito, la piscina, acá ando con la estufa prendida todo el día. Te encargo la cuenta de luz en junio. El frío siempre es un tema de conversación seguro, o el calor en otros casos. De una pared aparece la cabeza de una mujer. ¿Pablo, me puedo calentar mi almuerzo en tu cocina? Que no alcancé en el día a comer. Che sí, por supuesto. Deja las tijeras a un lado y se larga siguiendo a la mujer por la misma pared donde apareció. Nunca la había visto antes, pero a la mayoría de gente en la casa de Pablo tampoco la había visto antes. Escucho desde la silla. Ya, entonces acá girás la perilla con los minutos. Sí, sé cómo usarlo. Che perdón que igual es complicado. No, tranquilo, que es como los antiguos. La señora no era joven. Pablo vuelve y toma las tijeras nuevamente.
¿Va bien no? Sí, perfecto. Es difícil responder eso, ahora mismo no me está gustando, pero quizás después lo haga. Nunca logro saber cómo va a terminar un corte de pelo, es al final cuando lo noto. La mayoría de veces no me gustan, solo después de una ducha, con la cara roja y sin los pelos, puedo enamorarme de un corte. Sabés, igual me gusta esto de que pruebes cosas, yo creo que este te va a quedar bastante bien. Alarga la última palabra como concentrado. Yo también lo creo. Te lo quería proponer hace tiempo ¿seguro que te está gustando? No lo estaba. Sí, sí, me encanta. Y bueno, si no, el pelo crece. Él ríe. Otro acierto.
¿A ti te gusta el frío? Todos tenemos la misma respuesta preparada: Que el invierno es bueno, pero que el verano también, que el calor es sofocante y el frío inevitable. Soy como tú, me gusta más el verano. El frío es insoportable. Miro el pelo, todavía no me gusta, pero puede que sea una ilusión. Tampoco me gusta tanto el verano. Quizás en lo que me tarde en llegar a mi casa me guste, o quizás en lo que me tarde llegar a mi casa, más lo que me tarde tomar una ducha me guste. O quizás en un minuto, 10 segundos. No, ya no fue ese último.
¿Muy ocupado hoy día, Pablo? Buff, sabes como se pone. Otro comentario acertado. En la mañana estaba más lleno, ahora a la tarde bajó un poco la gente. Las tardes siempre son así, pero de vez en cuando cae alguien. Mira a su amigo sentado. De repente suena el tono de un teléfono y el amigo se para. ¿Aló? Sí, ningún problema. Como te decía, a la tarde siempre está un poco más fome, además que hoy me atrasé completo. Sí, sí, el informe listo para la tarde, ningún problema. Porque vino una clienta, mirá, a las 3 me dijo que venía, y yo no tengo problema con esperar un ratito. Esos papeles los dejé en la oficina de la Carla; no, pero no tienen nada importante, mañana a primera hora los recojo. El problema era que ella se tenía que teñir el pelo, y sabés que eso es toda una joda, que decolorar, y después con la maquina esa.
Che, ¿qué hacés? ¿Pudiste calentarte el almuerzo?
Hasta ahí logré captar. Pablo seguía cortando, el hombre seguía hablando, la señora había vuelto y algún comentario le tiraba a Pablo. Pero eso es mucho para mí. Tres voces es mucho, cuatro es máximo. Además, que la señora no tenía buen material para la columna. Sí, así está bien. Otra vez sintonizados. Pablo había dejado las tijeras y tomaba un secador de pelo. Lo prende y vuelan los pelos. Sí, mañana en la mañana lo vemos, chao. El hombre deja su teléfono y se saca la chaqueta, previendo que estaba ad portas del fin de mi corte. Tengo el pelo corto. Me miro y sorprendentemente pienso que está bien.
Pablo toma un espejo grande y liso; muestra, y veo por primera vez desde que entré aquí mi nuca. Me encanta, muchas gracias Pablo. Un poco muy corto de atrás.