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Vértigo en 12 inch high heels

De Sofía Zavala

Antes de que el algoritmo nos escupiera todo en la pantalla, teníamos que buscar lo que queríamos ver, algunas de las búsquedas más comunes en YouTube eran peleas, videos graciosos y caídas, estos géneros tenían sub categorías, así que en cierto momento entre la caída de Juan Gabriel y la de Edgar, vi mi primer video de una pasarela; una recopilación de caídas de modelos.

Antes de esto solo había visto fotografías de las pasarelas en revistas y no tenia idea que tenían movimiento, me sentí como cuando los Lumière inventaron el cine. Una cosa llevo a otra y termine toda una tarde viendo las pasarelas de McQueen, Versace y Dolce&Gabanna.
Aparte de las prendas y las luces, lo que cautivó mi curiosidad infantil fueron los tacones y la manera en la que muchas de las modelos parecían haber nacido con ellos, claro que había visto varios en el clóset de mi mamá pero jamás unos Armadillo Boots, por ejemplo.

Mientras que en la cotidianidad una caída representa mala suerte, un tropiezo o una banqueta dispareja, en la pasarela es todo menos azar. Las caídas son evidencia corporal de las exigencias que la industria de la moda impone en el nombre de la belleza y la experimentación estética.

Largas jornadas, pocas horas de sueño, deshidratación y desnutrición así como pagos insuficientes a menos de que tengas ya varias portadas de Vogue en tu portafolio son algunas de las situaciones a las que los modelos son sometidos.
La moda es una de las expresiones visuales y culturales en las que se deja completamente de lado el cuerpo y este funge como un maniquí.

Elspeth H. Brown menciona en Work! A Queer History of Modeling como en la industria del modelaje, a pesar de requerir algunas especificaciones para entrar en él y podríamos pensar que el cuerpo es el eje primario de esta industria, este en realidad se vuelve una herramienta de servicio a las visiones artísticas de diseñadores, directores creativos y fotógrafos.
Al cuerpo se le retira la capacidad de hablar por si mismo y los símbolos de comunicación son lo que los rodea, envuelve, maquilla o la manera en la que estos cuerpos se presentan.

Es por eso que las caídas de las modelos se convierten en momentos recordados, es como un barco que se hunde o un avión que se estrella, es decir; un mecanismo de servicio que debía funcionar perfecto y no lo hizo.

Naomi Campbell en Vivienne Westwood, el Titanic y Lindsey Wixson en Fashion Relief tienen en común ser artífices creados por y para el ser humano, porque si, los modelos se crean, no solo aparecen. Existe esta analogía romántica entre descubrir un modelo y el nacimiento de un diamante. Ambos inician en un lugar oscuro, se requiere de una presión sobrehumana para que suceda y el objetivo siempre es el mismo: una belleza perfecta.

Los modelos se crean a través de una multiplicidad de factores: dietas especificas, clases de danza, ejercicios de fuerza, actos circenses donde se les enseña a controlar cada tendón de su ser, actuación y demás habilidades que transforman un cuerpo en una maquina que camina, posa y simula reírse. Y por eso cuando el vértigo llega y se caen, se rompe la magia.
La magia de que existe un Dios creando seres altos, de ojos almendrados y labios maquillados que se balancean como nubes en tacones de 18 cm y ven a través de mallas y sombreros estrafalarios.

Y sucede de nuevo la decepción de las sirenas o las hadas. Nos hace darnos cuenta que la belleza que conocemos es un complejo mecanismo que maquilla todo aquello que no nos gusta ver. Las estrías, la crisis financiera, el gel que deja residuos y el maquillaje que se cuartea. Esa modelo que cae de sus tacos, que se tropieza con el vestido y cae al suelo avergonzada o estallando en risa nos recuerda nuestra propia humanidad imperfecta, a la que odiamos tanto. Porque mientras en nuestro imaginario exista la belleza perfecta siempre estará la ilusión persistente de que nosotros también somos merecedores de alcanzarla.

Los modelos son uno de los recordatorios de belleza cotidianos y nos obligan a verlos, contemplarlos en pantallas, impresos en papel y al esperar el transporte. Se convierten en un objeto fetiche al exigir naturalmente la atención de nuestros ojos para que las posemos en sus largas extremidades y las particularidades de sus cuerpos. Porque el modelaje actual se ha ido alejando de las super modelos de los 80s que se contoneaban en las pasarelas con piernas torneadas y rostros simétricos. La belleza y sus requerimientos son un reflejo de la sociedad en la que vivimos y en 2025 si mides más de 1.75 pero también tienes orejas grandes, ojos gatunos o alguna nariz que grite por atención es muy probable que tu rostro termine en algún anuncio de Prada.

Y es que es como si nos hubiera cansado la belleza convencional y estamos en búsqueda del alma, o de algo que nos recuerde a ella. Bíblicamente los ángeles no eran esos querubines regordetes alados rodeados de flores, eran mas bien entes de límites difusos y contornos espectrales. En tiempos de crisis, recurrimos a Dios.
O a la belleza, o las narices romanas, o a cualquier cosa que nos reafirme la fe en algo. En Allah o en Alaïa. En cualquier cosa tan bella de la cual no podemos ser parte. Pues no podemos venerar algo de lo que no somos parte, tiene que estar en un altar o en una pasarela, lo que sea con que sean mínimo 40 cm sobre el suelo.