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¿Hay alguien ahí?

de Sofía Zavala

Hace unos días mientras esperaba en la cola del súper, tome una Vogue de la repisa justo como mi mamá me ha enseñado a hacerlo desde tiempos milenarios y la hojee.
No me gustó lo que vi. Sentí en esas hojas como nunca antes a decadencia de las editoriales; una edición de apenas 60 páginas, de las cuales la mitad eran anuncios, la portada de un cartón delgado y el el lomo tan escuálido que promete ser un perfecto artefacto para ser enrollado y quitarle la vida a una mosca con ayuda de una pared.
La Elle que seria mi primera revista comprada a los 14 años y esta triste Vogue ya no comparten nada en común. De la portada en impresión mate con textura de polvo y el lomo de 1cm ya no queda más que el aroma.
No es un secreto a voces que las editoriales llevan años en crisis y la gran mayoría de ellas se han vuelto digitales (te recordamos siempre Nylon), el sueño de las revistas independientes es ser impresas y el de las impresas no morir.
Deje la Vogue en su lugar, la arrugue un poco al hacerlo, pague, me fui y evite ponerme triste por un conjunto de hojas. Pero es que no lo son.
El mundo editorial es un archivo físico de todo lo que los humanos pensamos y tenemos que decir al respecto, no es suficiente que suceda, alguien tiene que narrarlo.
Una vez leí que todo el mundo desea dejar una marca en el mundo, por eso existen bebés y graffitti, también agregaría revistas a la lista.
A través de los años dejamos de comprar revistas porque ya no eran necesarias para ver editoriales, leer artículos y obtener recomendaciones. Cuando nacen las it girls empieza la muerte de la prensa, pero, ¿que sucede cuando estos mismos sitios que reemplazaron lo impreso están en crisis?
Coolhuntermx publicó esta semana un post que tanto yo como el resto de los escritores nos hemos preguntado en algún momento: ¿Para que escribimos si nadie lee?. El post es un manifiesto del periodismo digital y como a pesar de que el algoritmo insiste que todo cabe en 12 segundos, aquí seguimos, escribiendo notas enteras que quieren ser leídas.
El post fue capaz de hacerme soltar un lágrima, desde recordar todo lo que implica escribir una nota, como es llegar a lugares donde te dejen hacerlo hasta soltar pequeñas frases al aire para darte cuenta si tus amigos o familiares le dieron clic a tu enlace.
Ser escritor digital es una de las profesiones que requieren incluso más fe que la de un cura, creer en que eres lo suficientemente bueno o que tus acentos están bien puestos. (Perdón a mi editor*), tener fe en que las horas que viste la pantalla vacía o la idea que pensabas que era maravillosa en realidad no lo es tanto valdrán la pena.
En estos tiempos donde cada día que pasa vemos otro vídeo más de como la IA puede reemplazar tu trabajo, los modelos de los anuncios ya no son de carne y hueso y empezamos a seguir cuentas que se van llevando nuestra capacidad de pensar, leer se convierte en una promesa, como lo dice Coolhunter.
Las revistas se están muriendo porque hace mucho que no nos tomamos una pausa, el scroll y el algoritmo no tienen pausas, toma el tiempo del siguiente video olvidar lo que decía el pasado y es por eso que escribir, requiere más agallas que teclas.
Porque cuando todo el mundo pasa corriendo, nosotros decidimos sentarnos a escribir, a analizar y a tratar de tener un impacto que dure más de 30 segundos.
Es por eso que mi promesa es seguir escribiendo, porque siempre que haya alguien leyendo, valdrá la pena la espalda arqueada y el incremento en la graduación de mis lentes.

*El título venía sin acento. -El editor