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Mexicana according to who?

De Sofía Zavala

Fue Chavela Vargas quien dijo que un mexicano nace donde se le de la rechingada gana. Tal vez ella tenia mejor noción de lo que es ser mexicano que yo. Y es que según mi acta de nacimiento y su icónica frase, ambas lo somos. Ella hizo una de las versiones más populares de La Llorona y se fue a la cama con Frida Kahlo. Pero yo baile el ratón vaquero en la primaria. Me parece que en la escala Chumbala Cachumbala ambas estamos en un peldaño parecido.
El signature look de Chavela es un referente a la mexicanidad; los jorongos, camisas con corte charro y el bordado. Pero me niego a pensar que adoptó la mexicanidad solamente por el interés en los textiles nacionales.
La mexicanidad nace como un proyecto de infraestructura nacionalista cuya finalidad era atraer afluencia económica mediante la invención de una identidad que resultara atractiva para el público extranjero.
El Proyecto Nacional Mexicano es creado en el gobierno de Lázaro Cárdenas para unificar una nación en pro del desarrollo modernista. Se toman elementos aislados del territorio mexicano como los bordados de Oaxaca, el tequila de Jalisco y el son de Veracruz para inventar una identidad nacional homogénea que nos pueda incluir a todos a costa de borrar culturas especificas.
Los Cardenistas, vestidos con sus camisas blancas almidonadas, trajes de solapas amplias y abrigos con botones militares confabulan para dar inicio a un México house blend. De esta manera acabamos con disfraces de Emiliano Zapata, pueblos y destinos modificados para ser apetecibles (como Pátzcuaro, Michoacán) y huipiles hechos crop tops. La mexicanidad desde su creación, es para los extranjeros, no para los mexicanos. Elecciones de estilo del pasado ahora se pueden catalogar en un starter kit de revolucionario: Sombrero amplio, pañoleta al cuello y camisa blanca.
Según la mexicanidad, todos somos mestizos. Desde los que juran tener ascendencia española hasta los indígenas que no quieren ser mexicanos, porque México los hizo olvidar su idioma y blanquear sus rasgos. El mito del mestizaje nos impide diferenciar sobre valores e identidades especificas. Y es que la verdadera patria se encuentra en las diferencias. En la capacidad de elección.
Es decir, cada quien tiene su propia patria. La patria deber ser elegida, no impuesta. Puedo decir que la mexicanidad también me recuerda a un club de golf. Reglas estrictas sobre sus miembros y un sentido fuerte de identidad y pertenencia hacia algo que un día apareció y que podría irse en cualquier momento. Porque todos los elementos que conforman a México como su soberanía nacional en realidad están a un conflicto de distancia de desaparecer. Justo como quieren desaparecer Palestina o como ahora Google Maps reconoce el Golfo de América.
El territorio en sí es de lo que menos importa en las nociones de pertenencia, porque es una de las mayores construcciones sociales existentes. Ser mexicano ni siquiera recae en que lado del muro naciste, pues las fronteras existen gracias a que las pusimos ahí y le nombramos de una forma diferente a quienes están del otro lado. Pero, importa en las prácticas de esta pertenencia, ¿cómo vamos a tener identidad si no tenemos en donde descubrirla?
Lo que un día fue México ahora es Texas y lo que una vez fue un soberano Hawaii ahora es un resort tropical. Pero, en el idioma y en quienes lo hablan sobreviven en esos territorios. Ahí es donde está la identidad. En el aura. No en el bigote falso que usamos en los partidos de la Selección Mexicana. Sobrevive en los aretes de filigrana o en los wahine. La identidad esta en la autenticidad. En lo genuino, no en lo fabricado de manera superficial.
La mexicanidad también busca ser un conjunto de valores en relación a México. Le pregunté a Chat GPT cuales son los valores de la mexicanidad y los resultados fueron los siguientes: familia, respeto, solidaridad, hospitalidad, tradición y nacionalismo. Y todos estos valores cuentan con representaciones estéticas a los que les otorgamos un peso identitario. Cuando en la primaria nos pedían ir vestidos de mexicanos sabíamos perfectamente a lo que se referían. Rebozos, faldas y huaraches. Pero siempre caricaturizando la figura del indígena y abaratándola. Porque no, las mujeres indígenas no usan huipiles made in china.
Podríamos entonces decir que si contamos con todos estos valores y nos vestimos acorde nos podemos considerar mexicanos. Pero, si le preguntas de la misma manera cuales son los valores de Italia y de Colombia a Chat GPT, te arroja resultados parecidos.
Entonces, ¿cual es la diferencia?, ¿la geografía?, ¿No dijo Chavela Vargas que podíamos nacer donde quisiéramos? ¿Y no acaba de declarar Trump que ya no es suficiente nacer en te- rritorio de Estados Unidos para ser acreedor a la nacionalidad?
Y es que, de repente, la mexicanidad pareciera ser un elemento meramente estético más que una identidad. Como si las las guayaberas y los aretes de latón fueran capaces deotorgarnos todas las cualidades de un mexicano digno. Le atribuimos a un sombreroun poder de pertenen- cia. Un objeto tiene la capacidad de bautizarnos como mexicanos.
Concibo la mexicanidad también como una cuestión áurica. Walter Benjamin decía que lo que hacia a una pieza una obra de arte era su aura, el aura entendida como lo que hace única a cada obra de arte.
El aura está atada a su aquí y a su ahora, a su materialidad original y a su autor. O sea que aunque busque ser reproducida o falsificada, es imposible que adquiera el título de obra de arte. Pues aunque se haga una reproducción, no habrá recorrido su espacio-temporal.
Es la esencia, por eso la materialidad de una obra se puede reproducir, sin embargo, el aura solo existirá en la obra en sí. O sea que Benjamin nos dió una respuesta a por qué Selena Gómez, a pesar de tener ascendencia mexicana no pudo interpretar un papel creíble en Emilia Pérez. No existe el aura de la mexicanidad a pesar de que su apellido es Gomez y disfrute envolverse en rebozos.
Porque, en palabras de Benjamin, su recorrido espacio-temporal esta muy alejado de lo que es la mexicanidad. No sabemos lo que es ser mexicano a ciencia cierta, pero sabemos que Selena Gómez no lo es. Pero la identidad y la mexicanidad son algo cambiante y caótico. El día que Roma estuvo nominada en los Oscares, todos éramos más mexicanos que nunca. Pero la noche del 30 de junio de 1998, cuando un mexicano apagó la Llama Eterna del Arco del Triunfo, ahí, bueno, ya no éramos tan mexicanos. Es un juego de quitar y ponernos la chamarra de Mexico is the shit. Somos capaces de evocar a todo nuestro orgullo nacional en una sola prenda.
Y es que existe una cuestión sobre la identidad. Siempre está sujeta a un ojo externo. No caemos en cuenta sobre nuestra propia mexicanidad hasta que tenemos una ley de contraste. Por eso cuando somos más mexicanos es cuando no estamos en México. Y es en ese contraste donde buscamos y rebuscamos la identidad. El orgullo recae en la unicidad de nuestro ser y su validación ante el extranjero. En Persona Normal, Benito Taibo nos dice que la patria es un concepto inventado para crear barreras entre nosotros y crea un manifiesto sobre ella. Uno pertenece a lo que te mueve, lo que te enternece el corazón y te cristaliza la mirada. Ahí esta tu verdadera patria, en el aura.
Mi patria no esta en los bordados hechos en máquinas en Taiwan, ni en la impresión de la caricatura de Frida Kahlo y mucho menos en las chamarras de Levi´s con textiles plagiados.
Mi patria es Manuel Méndez, el primer mexicano en presentar una colección en Paris, es Ramón Valdiosera, quien inventó el tono de rosa del que pinte mis uñas toda la preparatoria y es Maria Félix, a quien le copié usar un exceso de joyería todos los días y poder anunciar mi llegada con un tintineo. Me enternece el corazón la moda emergente que tienen sus puestos en bazares, hacen entregas personales y les envías un screenshot de tu com- probante de pago, los proyectos de rescate de ropa vintage que lavan, remendan y planchan prendas y me cristalizan la mirada todos los artistasque abogan por una mexicanidad contemporánea. Sin estereotipos, sin caricatura.
Solo, pasión.