La Singularidad No. 7

La Singularidad No. 7

El Big Bang

De Patricio Ventosa

La teoría del Big Bang postula la idea de que todo lo habido y por haber estaba apachurrado y comprimido en un punto más pequeño que la pequeñez en sí. Y, de repente, un bang. Un gran bang. De gases y polvos calientes se forman los pilares que conforman todo lo que conocemos. Venimos de la brevísima, eterna nada y del todo que vino después.

Milagrosamente, en algún punto de la historia, se forma un puntito azul lleno de oxígeno y carbono y cosas así. De ahí también venimos. Tierra, agua, árboles, raíces, tiburones, dinosaurios, changos, enchiladas suizas, mototaxis, bulldozers. Todo esto hecho con una que otra cosa que surgió de una explosioncilla hace mucho tiempo y espacio. Esto significa que, permítanme el lugar común, todos somos polvo de estrellas. Todo, de hecho, es polvo de estrellas.

Cuando era yo más chico, asumía que cuando me daban espinacas de comer para “tener más hierro” significaba que literalmente comería metal. Luego crecí y mi cerebro congruente de adolescente se dió cuenta de que probablemente era un compuesto químico asociado de alguna forma con el metal. Y estaba yo sumamente equivocado, sí es metal. Estamos tan acostumbrados a separarnos del resto de las cosas que existen que asumimos que la sangre “huele como a monedas” ¡La sangre es monedas! El hierro, el metal, conforma alrededor del tres o cuatro por ciento del peso de un adulto sano. Un cachito de mí está hecho de lo mismo que los clavos que sostienen mis cuadros.

Olvidamos que no existe una gran diferencia entre nosotros y la buena mayoría de cosas que existen. Toda la materia que existe hoy lleva existiendo desde el inicio de los tiempos. Las diferencias que encontramos los humanos solo las podemos reconocer nosotros. Al universo no le importa saber donde termina mi mano y donde empieza la tuya.

El universo, como primer y último acto de amabilidad, nos regaló todo lo que necesitamos para llenar nuestro mundo de cosas. Sabemos, sin embargo, que la materia no se crea ni se elimina, solo se transforma. Pero creemos lo contrario.

¿Qué sería de nosotros si no intentamos crear algo cada que se nos presenta la oportunidad? Y, si todo está hecho de lo mismo, ¿qué no todos somos el Big Bang también? Tal vez la creación es el primer instinto natural de todo lo existe. Instinto heredado por el ancestro común de todo lo existente que solamente lo vivo puede expresar.

Lo vivo, entonces, crea por medio de la transformación. Porque para lo vivo no es lo mismo una flor que una hoja. No es lo mismo vivo que muerto. No es lo mismo cariño que ausencia. Presas, flores, bioluminiscencia, corales, nidos, poemas trillados. Lo vivo se acerca a lo divino utilizando aquello que le regaló el inicio de todo para convertirlo en algo distinto.

Como los huicos que aún tienen rituales de apareamiento aunque la evolución los volvió una especie asexual hace mucho tiempo, conservamos el instinto por crear aunque no tengamos la capacidad directa de hacerlo. Intentamos hacer algo que se le parece lo suficiente y le damos el mismo nombre. Creamos a nuestra manera, pero no tenemos otra. Creamos porque es una necesidad. Creamos, francamente, porque podemos.

Lo primero que hemos sido nosotros, todo lo existente, fue creación. Añoramos volver a eso como se añora volver a casa.