Mi tanga mojadita de tu embuste

¿Por qué será que los hombres tienen esa necesidad de explicarte cosas que ya sabes? ¿Por qué será que creen que tienen ese deber con su patria/patriarcado? ¿Por qué será que me gusta tanto y mojo cuco cuando lo hacen?

 

Mira, yo a veces me hago estas preguntas, me cuestiono estas cosas y hago todo que una marica con delirios de artista debería hacer:

 

□ cambiarse el nombre

□ saberse delinear el ojo

□ escribir un poema que cuestione el capitalismo lo neoliberal lo cis lo heterosexual

□ leerlo en un recital underground

​​​​de poesía underground

​​​​​con poetas underground

□ hacer performance

□ buscar la abolición del skinny jean

□ romper el pacto patriarcal (a diario)

 

Es esa última con la que tengo yo dificultades. Porque me considero cómplice al permitirles estas cosas a los hombres que me parlan. No importa qué tipo de hombre, no me interesa acostarme con ellos. A veces sí, pero no es una necesidad. Solo que mojo cuco cuando me explican cosas que ya sé. Es un gustico culposo que tengo. Mando cáscara. Esa es la vaina conmigo, que mando cáscara.

 

Pero lo que más me hace inundar de deseo es cuando hablan de cosas de las que no saben. Hace poquito me pasó una que ni te cuento. O mejor sí, pa’ eso es que estamos acá. Ni miedo me da que el man lea esto porque ese man solo escucha audios de psicología de seis horas en YouTube mientras duerme y dice que así trascendió, que así ha leído quién sabe cuántos libros este año, que así liberó su mente.

 

Y ya te podrás imaginar a esta marica mirándolo hablar barrabasadas mientras se relamía y se relamía y pensaba y mientras tanto se relamía pero también deseaba y pensaba:

 

ufff ¿si? esa no me la sabía ufff tu pecho territorio abandonado por tu camiseta ufff eso sigue hablando ufff no te calles ufff eso no es verdad ufff tu mano nenúfar mi rodilla charco ufff no has leído ni mierda ufff tus babas tormenta yo tierra seca ufff mientras hablas de ti ufff de todos tus dones ufff tu boquita llena de falacias ufff mi tanga mojadita de tu embuste ufff eso explícame más ufff ilústrame más ufff enséñame más ufff necesito que me eduquen ufff ufff ufff uffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff

 

Con decirte que el man se denominaba a sí mismo como «filósofo estético» y voy quedando yo sin palabras porque qué definición tan impactante. Y ese es el truquito que tienen ellos. Te tiran definiciones y mezclan conceptos para amarrarte a punta de palabrerío. Y ese es el problemita que yo tengo, que eso me pone las vísceras como un volcán.

 

En esas yo le estoy contando que a mi gata le gusta que le lea en voz alta. Le nombro las autoras que le gustan. Porque sí, yo tengo la sensación de que a Perla le gustan algunas autoras. De que le gustan mucho. Ahora me estoy preguntando por mi editora, ¿será que también tiene una gata que le gusta que le lean? ¿o un perrito? ¿tal vez un canario?

 

— Clarice Lispector le encanta, igual que a mi amiga Vivi, por eso se llevan bien. Mi ex le leía a Camila Sosa Villada y les encantó su última novela. Se me arruncha cuando Violeta Villalba y sus poemas tenebrosos, y mira que no le gusta mucho Gabo y… 

 

— ¿Tú por qué crees que la gente le tiene fastidio a leer?

 

Que me va interrumpiendo y sin dejarme decir nada contesta él mismo:

 

— Porque la gente que lee se pone a decir nombres como si uno supiera de qué están hablando y por eso a nadie le importa la literatura.

 

Quedé como un iceberg, igual de glacial, misma quietud.

 

— Es que no es para ver si las conoces, es para que sepas lo que le gusta a mi gata o sea lo que le leo a mi gata o sea lo que leo en voz alta o sea lo que me gusta o sea en realidad te estoy hablando de cosas que me gustan o sea que me gustan tanto que o sea… 

 

No sé ni cómo hizo para hacerme el chanchuyo en la conversación y seguir hablando de que este año se había vuelto a cambiar el nombre. Que eso del nombre es una cosa muy importante para él. Que por eso no se aprendía el nombre de nadie —aunque el mío fuera tan extraño—. Que cada vez que muere se lo cambia y ha muerto nueve veces. Que ahora ya entendía el amor y el deseo. Que había trascendido muchas veces y que ya se encontraba más allá del bien y del mal.

 

Y yo con los cucos emparamados de ganas de echármele encima. Ufff, qué rico se siente una boca tautológica husmeando axilas y una lengua contradictoria lamiendo pezones.

 

Tú sabes cómo soy yo. Me lo llevé pa’ la casa y ahí me empeloté y me le puse de rodillas. Empezó el juego de la mirada tierna que se convierte en bala después en nieve después en garra colmillo beso suave escupitajo grito y mirada tierna otra vez.

 

Si eres una persona que lee fielmente esta columna—si no lo eres te estás perdiendo grandes chismes y te invito a que te pongas al día—, ya sabrás que me encanta un buen arrunche. Sobretodo en estos casos, porque, mientras me abrazan en su pecho, me aguanto la risa de solo acordarme de todo lo que se me subestimó.

 

Hay hombres que tienen esa necesidad extraña de explicarte cosas. Pero eso ya lo sabemos e incluso podemos, de alguna manera y sin justificarlo, entenderlo. Quieren sentirse útiles. No es una necesidad de compartir conocimiento, es un tema de hacerte consciente de que ellos saben más y por eso puedenmás.

 

Y entonces expongo aquí mi línea de pensamiento. El conocimiento es poder. Me excita que alguien tenga la ilusión de poder sobre mí. Eso es lo que me pone la carne a bombear: hacerles creer que tienen el poder. 

 

Por la mañana coge y me dice el filósofo estético que yo tengo la cabeza llena de miedos. Imagínate el siguiente performance íntimo a modo de secuencia de imágenes:

 

Un hombre desnudo en un sofá junto a una marica desnuda en el mismo sofá. El hombre se posiciona frente a frente con la marica. El hombre sujeta la cabeza de la marica y se acerca. El hombre le pide a la marica que cierre los ojos. La marica cierra los ojos. El hombre dice:

 

TE LIBERO, AQUÍ PUEDES TENER MIEDO

 

La marica abre los ojos. La marica mira al hombre a los ojos. La marica le dice:

 

GRACIAS

 

La marica piensa:

 

JAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAAJJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJJAJAJJAJAJJ

 

QUÉ ES ESTA PENDEJADA // YO SÍ QUE TERMINO EN UNAS // MANDO ES CÁSCARA

 

JAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAAJJJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJJAJAJJAJAJJ

 

Fin del performance. Aquí continúan mis divagaciones sobre el deseo y la relación entre saber y poder:

 

 

Qué vaina con los hombres y esas ganas de demostrar saber/poder. Qué cosita conmigo que me gusta meterme en esas aguas pantanosas. Pero qué culpa tengo yo. Antes les estoy es haciendo un favor. 

 

¿Será que es una cosa inherente de la masculinidad? ¿algo tan antiguo y ancestral como el primer fuego? ¿será que el primer incendio lo parió la primera travesti al nombrarse y ahora los hombres quieren venir a prendernos los cigarrillos?

 

Cuando nos despedimos me dijo que me enviaría todos los videos y audios que escuchó para desbloquear la mente y trascender. Pero no me envió nada y yo me quedé con las ganas de seguir jugando a hacerme la boba.

 

En los primero párrafos de esta entrada dije que me costaba trabajo romper el pacto patriarcal. A lo mejor sí, pero no por esto. Este jueguito mío es una forma de venganza. Me basta con una falsa mirada curiosa y un gesto de sorpresa para hacerlos entrar en mi ciénaga. Soy una marica perversa y los uso para satisfacer mi necesidad de devorarlos. Soy como el caimán que embelesado mira y luego muerde. 

 

No sé de dónde viene este deseo. Tampoco me importa saberlo. Es que no quiero saber mi deseo, no puedo sobre el deseo. A mí me gusta es pasarla bueno. Por eso mando cáscara. Esa es la vaina conmigo. Mando cáscara.