La poesía no copea
De Carlos Guineo
El otro día estaba parchando yo lo más de bien en la casa de un amigo. Tú sabes, ese tipo de parches que se tienen a veces, así, de puro improvisao, así de quiubo // qué andas haciendo // nada en la casa mirando lejos y tú en qué andas o qué // no pues nada aquí en la casa quieres caer y lo pegamos o algo // listo me pongo los zapatos y te caigo eso va.
Llego donde el amigo en dos minutos, porque el amigo, en realidad, es mi vecino; vive a una puerta de distancia. Entonces estaba yo por allá hablando de cosas de poeta. Aquí empieza Cristo a padecer. Repito: hablando-de-cosas-de-poeta ¿De qué habla la gente que escribe poesía? Pues de pura pendejada existencial.
A mí antes esto me daba una risa. Yo me le burlaba en la cara a la gente que se creía bohemia y se las tiraba de poeta con vino barato y maldiciones al amor en la boca, hablando de filosofía y de lo que han leído, y quedaba yo con la cabeza para atrás y con ganas de llegar a mi casa a hablar mal de todos los poetas del mundo con mi reflejo en las cucharas.
Pero a mí lo que me rayaba no era la poesía, eso era una cosa que… No, otra vez. A mí lo que me emputaba era que la poesía se nombraba lejana y… No, espera. Es que cuando la gente habla de las cosas que son profundas, lo hacen pensando que la poesía es intocable y…
Ay, no, no doy más. Qué mala costumbre esta de llevar siempre en las palabras ese espantajopismo intelectual. Qué maluco no poder hablar de poesía sin sentir que estoy escribiendo un poema.
Eso es lo que me pasa. Que intento hacer otras cosas, intento hablar de otras cosas y solo veo poemas en todas partes y todo se me vuelve un enredo poético. Por eso también cogía una rabia con esa gente que hablaba de ser poeta y de la literatura y luego hablaba de los mortales como algo que no es poesía, como algo que no puede ser poema. Porque creen que esas cosas solo están en lo sagrado y en lo que no se puede alcanzar. Por eso siempre la buscan.
Yo digo que, aunque pueden verla en otros lados, no pueden verla en su propia vida. Es triste eso. Siempre estar buscando la poesía cuando la poesía es una vaina material que se puede tocar. Si puedo tocar mi cuerpo, estoy tocando un poema; si puedo tocar otros cuerpos, estoy tocando un poema. Si puedo hablar de poesía, estoy hablando el poema y el poema siempre está en todas partes. Pero ellos no lo pueden ver en ningún lugar. Solo en las imposibilidades, y yo veo poemas posibles hasta en los memes que reposteo o en los mensajes de WhatsApp de mi mamá. Ahí también estoy tocando poemas.
Igual mando cáscara porque, aunque me considero una persona que escribe, nunca me asumí como poeta hasta hace poco; y aquí estoy, defendiendo la poesía en lo cotidiano. Y se pone peor el asunto, porque empiezo a parchar yo regularmente con el vecino, y siendo artistas y vecinos, ¿cómo no sentarnos a tertuliar?
Y una de esas noches coge un amigo del vecino y me pregunta: ¿Y tú qué haces? Y quedo yo con el pensamiento en black and white, que era lo que estaban tomando, y digo: soy poeta, vivo del lenguaje. Y qué te dijera yo, me dio una vergüenza ajena. Porque es que no estaba hablando con otro poeta, no estaba en un espacio de poesía. Aunque con el vecino nos leemos los poemas de Safo y los de Lorca y los de Obeso y los de Fátima Vélez y los míos porque me gusta que al vecino le gusten mis poemas.
Y esa es la cosita que me tiene con la boca del estómago ácida. Creo que me estoy volviendo poemasexual o una vaina así.
Qué problemita conmigo. Mando cáscara. Yo que antes decía que no era poeta, que a mí lo que me gustaba era la narrativa, echarle el cuento a la gente ficcionando sobre las cosas que quería ficcionar. Pero la poesía está en todos lados y empezó a aparecer en las cosas más mundanas, que al mismo tiempo son las más poéticas.
Imagínate que, por andar con la ridiculez de negarme a la poesía, rechacé una invitación a hacer parte de antologías cuir aquí en Colombia. Ahora veo esa antología y la tengo en la casa y veo a todas las amistades ahí presentes con sus poemas. Junto a los poemas de Raúl Gómez Jattin y de Tatiana de la Tierra y de Fernando Molano, ahí mismo se me llena el corazón de dulzura, pero, en algún rincón de mi cuerpo, se alcanza a asomar la envidia.
Entonces un día me di cuenta de que me gustaba escribir poemas, solo que decía que eran cuentos. Ese tema del género literario es igual de complicado que la identidad de género. Porque yo, que soy una marikita no binaria y que no creo en el género y performo otras cosas, también ando hibridando con eso de la escritura.
¿Qué te dice a ti que esto no es un poema?
Bueno, este nuevo estilo de vida mío cambió aún más cuando empecé a ir a micrófonos abiertos y a recitales de poesía. Porque yo pensaba que la poesía era una vaina que solo se practicaba en solitario. Y pues a mí me gusta la parchadera y la salidera y la habladera. La poesía también está ahí, en las conversaciones con las amistades, con los amores, con los afectos.
Como esa vez que iba a leer un texto mío que se llama «Un mango con un collage en el pecho» —que pueden leer aquí en Alkymia y por el que después me tatué un mango en llamas en el pecho. Ese texto nació por mi poema favorito de Raúl Gómez Jattin, que me sé de memoria. Esto me hace preguntarme si mi editora conoce a Jattin y cuál será su poema favorito de todos los que conoce.
En fin, que iba a leer ese texto en el Callejón de la Malcriada, a donde voy a leer poemas y a escuchar poemas y a hablar de poesía dos miércoles al mes; y que va llegando la policía a sacarnos. En realidad, no venían a sacarnos. Solo que a un señor x le robaron su billetera x de su carro x. Acontece que esa billetera no era una billetera x y ya, sino una billetera x con GPS o algo así. Y decía el GPS de la billetera x que estaba en el Callejón de la Malcriada. Imagínate tú, un grupo de marikas leyendo poemas y llega la tomba a sacarlas que dizque por una billetera. Nadie tenía esa vaina, solo teníamos poemas y les tocó irse porque la poesía no copea.
Y ahora que el fascismo se nos quiere meter por todos los orificios del cuerpo, y en Colombia ganó las elecciones presidenciales una criatura nefasta —de la que no hablaré mucho, porque empiezo a coger rabias y termina esta entrada convirtiéndose en una diatriba contra el tigre de Temu y toda la gente que votó por él—, al menos hicimos campaña desde la poesía y el parche. Con mi amiga Lina organizamos un recital de poesía; se llamó ¿quién salvará la poesía? Invitamos a poetas con voces que retumbaron en nuestras memorias en otros recitales. La gente copió y, aunque no salvamos al mundo, salvamos un poco de nuestros mundos y de los mundos de todas las personas que asistieron. A veces necesitamos de la poesía para seguir luchando. La poesía está en todas partes, hasta en la política.
O cuando en la Librería Woolf empecé a hostear un micrófono abierto mensual y eso me empezó a convertir en una persona que gestiona espacios para dejar de ver la poesía por allá lejos y empezar a verla aquí cerquitica, o incluso dentro de todas las personas. Y la gente leía sus poemas o solo iba y se sentaba y escuchaba poemas y sentía cosas.
¿Sabes lo precioso que es eso? ¿Que tú veas a una persona mientras está escuchando a otra persona leer un poema y ver ahí, en las formas de su rostro, cómo se forma otro poema?
Pues sí, empiezan a pasarme estas cosas a mí, que soy Piscis, es decir, la mata de la sensibilidad, y no puedo evitar sentirme como… no puedo evitar sentir como si… no puedo dejar de sentir. Eso es lo que pasa. Agh, mando cáscara. No puedo dejar de sentir.
Y ahora esto se me está convirtiendo en un problemita que ni te cuento. No puedo relacionarme con gente que no lea poemas, o que no le guste escuchar a la gente leyendo poemas. Te lo estoy diciendo, yo creo que será que soy poemasexual o una vaina así.
El otro día volví a Grindr a ver si encontraba un poeta que me leyera alguna cosa y me di cuenta de que no existe ese tag. Deslizaba y leía; amigosconderechos // anfitrión // a pelo // bdsm // animé // brunch // afeminado // bi // drag // oso // twink // pic4pic // vih+ // twunk // trans // musculoso // mtf // masc y por ningún lado encontré poesía.
Pero la poesía no copea; ella está en todos lados y yo seré quien le sirva. Así que, como acto de revolución y lucha, en nombre de la poesía, los poemas y todas las personas que escriben, leen, habitan y son poetas, escribí una carta a Grindr sugiriendo una nueva etiqueta.
Primero pensé en sugerir la palabra poeta, pero no todas las personas a las que les gusta la poesía se consideran poetas. Entonces escribí, para luego borrar, la palabra poema. A ver, esto es Grindr, tampoco puedes estar con esas exigencias semánticas porque de primerazo espantas a la gente.
Y yo, que intenté huir de ella tantas veces, que me burlé de quienes se la ponían en la boca, que la encontraba hasta en las caricias de mis amantes, que la puse en mis documentos de identidad, que la empecé a performar como se performa el género, que tengo el corazón tan grande que no cabe en ningún planeta y que la veía en todas las cosas tangibles e intangibles, sin ningún tipo de expectativa, escribí poesía.
