Esto no es una carta de odio a Shawn Mendes
Mando cáscara. Empecé esta columna y no la seguí. Cometí uno de los peores pecados que se pueden cometer en este mundo: dejar un chisme incompleto.
La última vez te hablé sobre este muchacho: Con_sitio. Que, para colmo de males, me escribió a los pocos días que salió la entrada anterior. No para reclamarme, imagínate tú eso: que me escriba a decirme que estoy hablando paja y que deje de estar compartiendo sus intimidades en mi columna.
No creo que ninguno de los manes con los que he tenido este tipo de encuentros lea algo de lo que escribo. Es como la gente que le da like a mis stories en calzones, pero no ve mis reels hablando de libros o leyendo poemas. Hay gente que hace las dos cosas y eso es lindo. En fin, el man solo me escribió para repetir.
Mira, a mí me gusta repetir. Pero es que, después de que Con_sitio se pilló mi perfil de Instagram, las cosas dejaron de funcionar por tres razones fundamentales:
1. El hecho de que un grupo de personas se reúna un miércoles por la noche para leer poemas le parecía una pérdida de tiempo. Esto es grave.
2. La cumbia no le hacía mover los hombros ni las caderas. Esto es MUY grave.
3. Me dedicó una canción de Shawn Mendes. Me la cantó al oído mientras estábamos sin ropa en su cama. Esto es gravísimo.
Mando cáscara. Estoy escribiendo esto sin saber si a mi editora le gusta Shawn Mendes o no. Yo no creo, ella es toda underground y raver y hasta es DJ. Pero bueno, a veces yo voy caminando por Bogotá con mi pelo verde y mis looks alternomaricones y no te imaginas que voy escuchando vallenato viejo. Alternxs vemos, playlists no sabemos. Me da curiosidad saber qué música escucha mi editora cuando me edita. Yo, mientras escribo esto, escucho Sirena encantada de Miguel Morales. Esa es una canción que quiero que alguien me dedique.
Acabo de caer en cuenta de que no te he contado qué canción me dedicó. Este man me empieza a seguir en Instagram y se da cuenta de que subo fotos con cierto hombre con el que tenía un vínculo sexoafectivo no exclusivo. Nos amábamos mucho y éramos muy buenxs amigxs. Pero no era algo exclusivo ni en lo sexual ni en lo emocional. En ese momento me interesaba explorar todo el tema de la anarquía relacional y la poligamia.
No, no es mi novio. No, no estamos juntxs, por lo menos no de esa manera. No, no somos “solo amigxs”. No, no me va a pedir el cuadre ni yo a él. No, no es reciente, hace años estamos construyendo esto. No, no le he contado sobre ti. No, no hay lío con eso. No, no planeo dejar de estar con él de esta forma. No, no es mi novio. No, no somos pareja. Sí, nos amamos mucho. Sí, también amo a otras personas. Sí, también tengo sexo con otras personas. Sí, me he enamorado de otras personas mientras estoy en esto con él. Sí, entiendo si es algo que te incomoda.
Después de aclararle muchas veces. Muchísimas veces. Una cantidad exorbitante de veces que este vínculo sin nombre, pero con acuerdos claros, no era un noviazgo, empieza a sonar esta canción: Treat You Better de Shawn Mendes.
Y mientras yo sentía sus manos acariciar mi espalda bajo las sábanas, este hombre comienza a cantarme al oído, a cantarme la letra de Treat You Better, una canción de Shawn Mendes. Yo no sé si tú entiendes lo grave que es esto para mí.
Mira, de verdad espero que no te lo tomes a mal; disfruta de Shawn Mendes si te gusta. Yo no soy la policía de la música. Una de mis películas favoritas es Dinosaurio (2000) de Disney, que es de las peores películas rankeadas en Letterboxd, y eso es asunto mío. No es mi culpa haber encontrado confort en un iguanodonte criado por lémures en su búsqueda por iguales mientras sobrevive a una extinción masiva y les enseña a otros dinosaurios sobre colectividad y cuidados. A lo mejor ni recuerdas esa peli. No es tan importante para la historia del mundo, pero es fundamental para el mío.
Así son algunas cosas. Para mí, Shawn Mendes y Treat You Better tienen la misma importancia que el número 9856. Este es un número aleatorio en el que nunca había pensado y que, a pesar de ser número par, no disfruto observar. Tampoco es un número primo. Quiero contarte que hace poco tuve una conversación con alguien y ahora me encantan los números primos. El número 9856 es divisible entre 1, 2, 4, 7, 8, 11, 14, 16, 22, 28, 32, 44, 56, 64, 77, 88, 112, 128, 154, 176, 224, 308, 352, 448, 616, 704, 896, 1232, 1408, 2464, 4928 y, por supuesto, sobre sí mismo.
Esto es importante porque, en caso tal de que no lo supieras, los números primos solo son divisibles entre sí mismos. También porque, si sumamos todos esos números, obtenemos la cantidad aproximada de repulsión que sentí por este hombre cuando me cantó esa canción al oído.
Ya di muchas vueltas, pero, por si las moscas, el resultado es 24680. Una secuencia numérica preciosa. El 2 seguido del 4 seguido del 6 seguido del 8 y terminando en 0. Lo lindo de los números es que son exactos y lo impresionante de las cosas es que siempre buscan el equilibrio, hasta cuando se acaban.
Como esto es una columna en español y aquí hablamos español, voy a traducir para ti el coro de la canción que escuché varias veces esa semana. No por gusto, sino por curiosidad:
I know I can treat you better than he can
And any girl like you deserves a gentleman
Tell me, why are we wasting time on all your wasted cryin'
When you should be with me instead?
I know I can treat you better, better than he can
Sé que puedo tratarte mejor de lo que él puede
y cualquier chica como tú merece un caballero
Dime, ¿por qué perdemos el tiempo con todo tu llanto desperdiciado
cuando deberías estar conmigo?
Sé que puedo tratarte mejor, mejor de lo que él puede.
¿Cómo puedes tratarme mejor? Me lo pregunté hasta que se me apagaron un par de neuronas. Si nuestros planes son ver Master Chef Celebrity y tener sexo, y nunca nos hemos visto en un lugar distinto a tu apartamento. En realidad, nunca vi su cocina. Llegaba en la noche, directo al cuarto, directo a la cama.
Dices que una chica como yo merece a un caballero y yo solo quiero que me lean poemas de Fernando Molano y de Alejandra Pizarnik, que me dediquen vallenatos viejos y me saquen a callejear y nos sentemos en un andén a hablar barrabasadas y llorar mientras hablamos de las películas de nuestras infancias, como de Dinosaurio (2000), por ejemplo. Por cierto, yo nací en el 2000, esa peli y yo somos como mellizxs o algo así. No sé, es mi película espiritual. Propongo que creemos un nuevo trend en el que escojamos nuestra película espiritual. La mía, por si no te quedaba claro, es Dinosaurio (2000).
Yo lloro mucho, hoy lloré mientras me bañaba y después volví a llorar mientras hablaba con César de una película sobre un niño que quiere que lo abduzcan los alienígenas. También lloré viendo una piedra que se la tragaba el musgo y luego volví a llorar viendo mi tatuaje nuevo en el espejo. Si lloro es porque siento que hago parte de este mundo. Eso a veces me hace llorar de alegría y otras veces de desesperación. Si vas a tratarme mejor, déjame llorar mientras me preparas arepas.
Yo creo que solo odié que me dedicaran esta canción porque sabía que todo era mentira. Ni a mí me interesaba lo suficiente ni yo le gustaba tanto. Una temporada entera de Master Chef Celebrity y nunca le probé un plato de comida a este man. Ni él a mí.
Tanta desnudez y nunca nos vimos comer. Yo cuando como no dejo nada en el plato. Me criaron bajo la regla inquebrantable de no decir que no a la comida. Lo devoro todo. Quiero devorarlo todo. Pero no una canción de Shawn Mendes y nunca más ni un solo capítulo de Master Chef Celebrity.
Quería hablarte de una sola cosa y terminé traduciendo canciones y haciendo cuentas. Esa es la vaina conmigo. En temas de números, mando cáscara y, si te hablo de palabras, aún más. Hay muchas palabras que me gustan. También hay muchos números que me gustan. De pronto un día de estos te cuento sobre mi nueva obsesión: los números primos.
Por ahora toca que te conformes con mis palabras. Que no me las inventé yo. Ojalá inventarme una palabra. Ojalá ser capaz de inventarme algún color. Ojalá dejar de estar metiéndome con manes con los que no me interesan por el deseo egoísta de sentir que me desean. Ojalá dejar de mandar cáscara algún día. Ojalá no, porque me quedaría sin historias para ti. Ojalá ponerme las pilas para traerte otra entrada de La cáscara del guineo el próximo mes.
