de Roberto Osornio
A pesar de los varios años que estuve activo como deportista, nunca he sido objetivo de una novatada. No sé si me alivia o me agobia no haber sido parte de tal experiencia, aún habiendo sido “el rookie” más de una vez en los equipos a los que pertenecí; tal vez la autoridad de mi padre como el coach del equipo era lo que me eximaba de participar en ese ritual de iniciación. Sin embargo, iniciar algo supongo lo amerita, sino ¿cómo sabemos que lo iniciamos?
A pesar de no vivir una novatada en carne propia, en el medio eran conocidos los métodos que se usaban y los que han sido víctimas de una les aseverarían que no es precisamente una caricia. Los vestidores del gimnasio han sido testigos de novatadas durante la ducha después del entrenamiento o de apresamientos sorpresa para que luego el novato en cuestión pierda su cabello (o solo algunos mechones en cuyo caso es peor). Otra novatada popular en el gremio es ser el balonero o maletero de todo el equipo, por mencionar las más comunes — y las más suaves — y para no continuar dando ideas así como tampoco develar las confidencias que me fueron dichas durante mi época de deportista porque como todo deportista sabe, lo que pasa en el vestidor ahí se queda. De igual manera, queda de más repasar lo que sucede en las fraternidades o la escuela militar (para más referencias leer la obra temprana de Vargas Llosa), ya que eso raya en el fanatismo y expone simplemente la masculinidad frágil de un sistema patriarcal que se desmorona por su propia mano.
Nuestra primera novatada, para la mayoría de católicos, es el bautismo: un ritual de expiación de pecados y bienvenida a la comunidad eclesiástica. Yo me preguntaría ¿qué pecados ha cometido alguien que apenas y sabe moverse por sí mismo?, — pero como soy buen cristiano no me lo pregunto — sin embargo, aquí mi interés. Si dejamos de lado el institucionalismo de la iglesia y observamos el bautizo como el inicio en este viaje espiritual que tiene como propósito el trascender, podemos entender a la figura del novato que, como un recién nacido, es aquel que carece de experiencia, pero también de historia. Aún no ha atravesado aquello que le permite decir “yo estuve ahí”. Quizá por eso toda comunidad inventa rituales de iniciación, pues no basta con llegar, hay que cruzar un umbral.
Entonces ¿todo ritual debe ser doloroso?, quiero creer que no, aunque sospecho que toda iniciación exige al menos una dosis de incertidumbre. El novato no necesariamente debe sufrir, pero si enfrentarse a la posibilidad del fracaso, después de todo, nadie sabe si pertenece a un lugar hasta que es puesto a prueba por él. Dante antes de contemplar el Paraíso tuvo que descender al Infierno; cada círculo recorrido lo alejaba del hombre perdido que entró en la selva oscura y lo acercaba al hombre capaz de comprender el mundo. En ese sentido, toda novatada es una versión modesta de la Divina Comedia: un pequeño infierno que se atraviesa para ser digerido por aquello que elegimos como nuestro propósito en la vida y ver si somos capaces de continuar andando entre más dificultades sin perder de vista el lugar al que queremos llegar.
Ahora bien, en puertas al Mundial en nuestra tierra me es imposible no hablar de ello, pues si bien no somos novatos en recibir uno, basta con mirar la lista que se ha liberado hace unas semanas y observar que el Vasco se ha decantado por bastante talento joven, muchos de ellos primerizos en este evento. Todas las mesas de diálogo deportivo — que más bien se me hacen más un show de stand up, bastante entretenido he de decir — desaprueban con firmeza esta decisión, ya que, como es natural, surgen dudas. Debutando en ese Mundial tenemos a este nuevo novato sensación de diecisiete años, Gilberto Mora, pero “¿está listo?, ¿es lo suficientemente maduro para cargar a un equipo más allá del quinto partido?” — ojo como no anhelamos la victoria sino simplemente trascender una maldición, el fútbol mexicano es todo un objeto de estudio —, nos preguntamos si este niño será el nuevo Hugo Sánchez, si será nuestro Messi, ¿qué aportará a nuestro fútbol?. Preguntas qué también se le hacen a un escritor jóven que ingresa al gremio, aunque jóven no tenga el mismo significado en nuestra comunidad, pero al final joven.
Por joven uno es entonces, errático, voluble y, pareciera, inocente. Es así que la novatada demuestra eso, recordemos a Toni Kukoc en Barcelona 92’ enfrentándose a sus futuros compañeros de los Chicago Bulls, nada más y nada menos que Michael Jordan. El jugador experimentado hace evidente las deficiencias del novato, así como entre artistas es común que aquellos que ya están consolidados desaprueben las obras de aquellos que hacen su debut en el gremio y, más aún, cuando estos artistas emergentes pretenden desafiar la estética en turno.
De manera que el novato no sólo es puesto a prueba por la aceptación en un grupo, sino también porque existe un choque entre generaciones. Hoy no vemos en la lista del Vasco Aguirre a un Guardado, un Chicharito o un Rafa Márquez (vemos por pura nostalgia a un acabadisimo Memo Ochoa) y se nos mueve el piso porque estamos acostumbrados a cierto grupo, la estética que representaba tener a estas personalidades. Nos sucede lo mismo que a Camile Saint-Saëns sentado en el Théâtre des Champs-Élysées escuchando los ensayos de La consagración de la primavera, no digo que esta lista de seleccionados sea Stravinsky revolucionando la música del siglo XX, pero si es esa disonancia del fagot tocando el registro más agudo posible con la que Saint-Saëns sale indignado y, seguramente, mentado madres en francés.
Entonces, el camino del novato es ese, el del joven contra los muros del mundo, los infrarrealistas desafiando a Octavio Paz, de ahí que ser jóven y no ser revolucionario sea una contradicción. Nuestro escepticismo hacia lo nuevo representa nuestro miedo a que las cosas cambien, a ser reemplazados y la nostalgia no es más que nuestra quijotesca manera de aferrarnos a lo que éramos.
Pero está bien que el novato no la tenga fácil, pues todos, cual Ulises, tenemos una Ítaca a la que llegar, todos somos novatos en algún punto, errantes y peleando contra la voluntad de los dioses. Más aún así hay algo de bello en cómo las dificultades nos ayudan a evolucionar como personas, ha tener una historia, pues de eso nos componemos, de las cosas que nos pasan mientras avanzamos en nuestro camino.
Esta es mi primera columna en Alkymia y de mis primeros textos publicados, no sé cómo funcionaria una novatada en tal escenario, pero creo que este texto es la mía. Así que, querido lector, vuélvete contra mi, di las fallas de mi texto, que si ves bien son muchas, enuncia mi poca elocuencia; que la crítica — si es que tengo la suficiente suerte de ser siquiera mirado por ella — me acuse de simple, de soso y hasta de irrelevante. Y mis compañeros escritores, no sé, no me digan nada, ignorenme, en un arranque de ego díganme que no tengo nada que decir, porque la verdad es que no, la verdad es que esta columna puede ser mi desastroso debut o bien puede solo ser un texto entre tantos. Pero sea lo que sea, este es el comienzo de mi camino hacia Ítaca, igual que Ulises llegaré viejo y cansado y no habré llegado al lugar que he imaginado, porque tal vez el Cielo nunca será como lo pensamos, pero aún así habré llegado.