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Sofía Zavala

He may bring you hapiness. (Slogan oficial de Sonny Angel)
Desde hace ya algunos meses dentro de mi scroll cotidiano en redes sociales empecé a encontrarme que a mis amigos y a mis seguidos, pequeños objetos les estaban causando furor. Los Sonny Angels y los Ternurines empezaban a tomar un lugar importante en las dinámicas de compra. En mi feed comenzaron a aparecer colecciones, accesorios, casas para los Ternurines, todas las mirror selfies ahora parecían tener un Sonny Angel aferrado al teléfono, las pancitas y los traseritos de estos juguetes tomaron más y más importancia.
Yo tuve una familia de Ternurines a los 8 años, me la dieron de Día del niño y al estar acostumbrada a que mis Barbies y Bratz imitaran las plot lines de las novelas de mi mamá, jugaba con ellos de una forma que podría sentirse incestuosa. Entonces, el resurgimiento de estos juguetes, ahora en un público más adulto logró causarme conmoción. ¿Por qué ventiañeros ahora buscan tener todos los modelos disponibles? Su objetivo es tener en las manos los sombreritos del tigre, la fresa, el kiwi y todas las ediciones especiales. Indagando me empece a sorprender cada día más, existen grupos de compra e intercambio, tutoriales de como cuidarlos y personalizarlos y pequeñas bolsas transparentes para que los puedas añadir a modo de charm a tu bolsa del día a día. ¿Cómo y por qué sucedió esto?
Recesión y crisis económica. Punto.
Sonny Angel es el nombre de estos querubines diseñados en Japón por Tofu Soeya, un diseñador de juguetes japonés que le prestó su apodo a sus creaciones. Sonny. Cada muñeco tiene alas de ángel y sombreros coloridos. Algunos usan atuendos completos pero el consolidó su popularidad es el muñeco desnudo con sombrerito y alitas.
Los Sonny Angel han estado en el mercado desde el 2005, sin embargo su popularidad comenzó hace aproximadamente 2 años. Pasaron de ser un juguete distribuido en Japón a ser posteado por Bella Hadid en Instagram. Estos querubines diseñados originalmente para infancias ahora han cambiado su función. Se convirtieron en compañía y alegría de jóvenes en sus 20s con crisis existenciales.
Estamos viviendo una de las crisis económicas más terribles que ha visto la sociedad. El mercado inmobiliario está por los suelos, es casi imposible obtener el score de crédito para pedir un préstamo inmobiliario y, aunque lo lograras adquirir, tendrías que ganar por lo menos 70,000 mxn al mes para poder pagar cómodamente una casa de 1.5 mdp. Lo vemos tan lejano que ya ni siquiera solemos aspirar a ello. La mayoría de la Gen Z rentará toda su vida a menos de que tengan la suerte de heredar una casa. Porque contrario a lo que dicen los Boomers; no, aunque deje de comprarme un café todos los días, unos Adidas Samba o la revista Vogue de cada mes, no me voy a poder comprar una casa.
No solamente estamos presionados por una recesión económica, si no también una crisis social mundial. Vamos a enlistar algunas de las cosas por las cuales podemos llorar a diario: Trump ganó la presidencia de los Estados Unidos, encontraron un fósil de un tigre dientes de sable porque se esta descongelando el permafrost, cada día mueren miles de palestinos and the list goes on.
Necesitamos ternura de alguna forma.
El craze de los Ternurines y Sonny Angel, aparte de la clara conexión de ser juguetes, me evoca mucho a la infancia. En como pudimos procesar el divorcio de nuestros papás y vivir en Michoacán durante el sexenio de Felipe Calderón, donde los simulacros de balacera y las suspensiones de clase por amenazas de atentado se volvieron parte del día a día. Lo logramos porque estábamos rodeados de Myscene, BeyBlades y Hot Wheels.
En realidad estamos haciendo lo mismo. Estos pequeños juguetes son un artefacto clave del duelo. El duelo de perder a los adultos que nunca pudieron existir. Nuestra idea de la adultez fue alimentada por películas y series que nos prometieron una vida que no llegó nunca. Las casas, autos y meses en Europa fueron sustituidos por trámites del SAT, deudas en la tarjeta de crédito y rupturas amorosas.
He may bring you joy: tal vez te traiga felicidad. El dinero no compra la felicidad, pero te puede comprar un Sonny Angel que te la puede brindar. Tal vez. En esa pequeña posibilidad depositamos todas nuestras frustraciones y sueños rotos. Ahí esta nuestra casa victoriana soñada y las listas de baby names de los hijos que no tendremos porque los pañales han triplicado su precio en los últimos 3 años.
Cuando compramos un Sonny Angel, no sabemos cual nos va a tocar. Vienen en cajas ciegas, y ese pequeño momento de sorpresa y gratificación cuando vemos las orejas rosas de conejo o los puntos amarillos del sombrero de fresa nos hace olvidar por un momento que el salario mínimo en México es de 248.93 mxn.
Nos alimenta el thrill de las posibilidades y de poder usar a ciegas nuestro dinero para cumplir una fantasía. A los humanos nos encanta el azar, las posibilidades de una fantasía en la que somos más felices. Para nuestros papás fueron billetes de lotería y máquinas de monedas. Para nosotros; un querubín con sombrero de cereza, porque no nos alcanza para las demás frutas de las máquinas del casino.
Los ojos brillosos al ver una familia de koalas, la emoción de enseñarle a tu amiga que modelo te salió y los miles de videos enseñando como hacerle una cuna a un Ternurin me hace pensar en lo que escribió Tania Tagle en su libro Germinal. Nos sostiene la ternura.

