
Artículo
/
Sofía Zavala

Hay días donde me gustaría lanzar mi computadora por la ventana, olvidarme de la deuda de mi tarjeta de crédito y no tener idea de lo que cuesta un taladro para poder dedicarme a hornear galletas y usar vestidos florales. Luego recuerdo que puedo votar y que mi abuela lo pudo hacer hasta que tuvo 25 años, también viene a mi cabeza que el aborto se ha despenalizado en 19 estados de México porque mis maestras de la universidad llevan marchando desde los 70s y paralelamente pongo los pies en el suelo de la casa de mi mamá, la primera mujer de su familia que pudo comprar una.
El término trad wife ha sido utilizado por miles de mujeres como un nuevo hashtag en TikTok para mostrar sus estilos de vida como amas de casa tradicionales. Tutoriales de cocina, panadería, tips de limpieza y manualidades son los principales temas en este género de contenido.
Influencers de habla inglesa como Nara Smith y otras en español, como Rorro, han popularizado un estilo de vida cuyo objetivo es ser devotas a sus parejas. “Hoy es mi aniversario con Pablo y he querido hacerle un regalo especial, le fabricaré su libro favorito desde cero”. A lo que Rorro procede a mostrar el proceso de imprenta y empastadura de El Príncipe de Maquiavelo. Creepy, don’t you think?
Este estilo de vida se popularizó a partir de la pandemia y como consecuencia de la híper independencia femenina de los 2010s. Con la llegada del nuevo milenio la mentalidad colectiva tuvo un cambio abrupto en la forma de percibir la feminidad, ya no queríamos ser bimbos y blondes (Paris Hilton o Nicole Richie). Ahora aspirábamos a ser GirlBosses y ShEOs, mujeres independientes y exitosas, interesantes y también explotadas laboralmente en espacios laborales.
Actualmente nos da cringe pensar en estas frases y recordar todo el speech aspiracional capitalista de mujeres que lograron vender libros, cursos de coaching y cojines para tu sala con la promesa de que te iban a convertir en una business woman y que jamás volverías a necesitar de un hombre.
Men are like hand bags, they are accessories. Decían.
Claro que este modelo de feminismo blanco fue un rotundo fallo porque no erradica el problema de raíz. Agregar girlbosses a un entorno laboral y económico sexista, podrido y precario solamente resultó en mujeres con el mayor burn out laboral que ha visto la Tierra.
Porque, contrario a lo que dice Sophia Amoruso en su libro #Girlboss, para la mujer promedio es imposible tener una empresa exitosa, hijos vestidos en ropa Benetton y vacaciones with your girls en Los Cabos. Aparte del marido guapísimo cuya única función es cargar tu bolsa Gucci.
Y así, poco a poco, nos fuimos dando cuenta que lo que decían mujeres usualmente blancas, heterosexuales y millenials como Lauren Conrad, Betty Friedan o Zoella no era tan cierto y tan fácil como creíamos. Después, la pandemia termino por derrumbar este movimiento usado para vender agendas.
Absolutamente nadie estaba preparado para la pandemia del 2020. Entonces el tener que encerrarnos de un día al otro se llevo consigo negocios, puestos laborales y encerró a todas las mujeres en casa con sus hijos y esposos. La preocupación del hogar se volvió aún más latente, ya era completamente imposible ignorar la ropa sucia, los trastes sin lavar y las demandas de los hijos.
Al pasar tanto tiempo en casa y redes sociales, teníamos que idear una forma de romantización e idealización de nuestro cautiverio. De alguna u otra manera, hacer desayuno para cuatro personas y doblar calcetines sin par se tenía que ganar una visión romantizada. Aquí llega a salvarnos (o condenarnos) las trad wifes y el cottage core.
Poco a poco se comienza a llenar nuestro feed de manos amasando, mariposas volando en un jardín, el secreto para hacer la pasta carbonara perfecta y como hacer un vestido desde cero. Y aunque esto podría parecernos inofensivo y útil, estos videos se comienzan a convertir en propaganda que aboga por la familia tradicional, religiosa, supremacista y que desaprueba cosas como el aborto, el feminismo y la abolición de los roles de género tradicionales.
Y así fue como después de una pandemia, el fallo colectivo de la supuesta independencia femenina y la frustración de ver a todo un sistema económico colapsar, empezamos a encontrar paz y seguridad en labores olvidadas como el bordado, los huertos caseros y la cocina.
Para la sociedad, darnos cuenta que no estábamos tan seguros como creíamos, es decir, los servicios de salud repletos y pasillos de supermercados vacíos y con desabasto de objetos de primera necesidad nos hizo buscar un estilo de vida autosustentable.
El buscador de TikTok se abarrotó con búsquedas que comenzaban con “How to make your own…”y aquí aparecen las trad wifes, las que tenían la respuesta a cosas desde cómo coser un botón correctamente hasta cómo criar a tus hijos correctamente.
El estilo de vida de estas creadoras de contenido nos empieza a parecer lo más appealing del mundo. Casa perfecta, hijos perfectos, esposo perfecto. Una vida donde no se tienen que preocupar por impuestos, juntas de trabajo y tablas de Excel. Mujeres con una sonrisa en el rostro y un delantal con encaje en los bordes nos hacen querer liberarnos de todos nuestros problemas y depositarlos en los hombros de nuestro marido.
E iniciaron los tuits, tik toks y comentarios aceptando este estilo de vida; “Wey, solo quiero yoga y pasar por Santi y Ana Pau”, “Quiero que mi mayor preocupación sea si mi matcha va con leche de coco o almendras” y “Vivan los hombres proveedores”. Lo que parecían chistes y bromas sobre frivolidades, comenzaron a pisotear nuestra búsqueda de autonomía.
Y, por supuesto, este contenido logró encantar al sector masculino. A los hombres que pensaban que la mujer ideal ya no existía, que ya todas las mujeres fuman, tienen cabello de colores y no saben cocinar. A todos esos hombres cuyo sueño no es una esposa, es una segunda madre. A esos hombres que piensan que por ser adultos semi funcionales (trabajan y medio se asean) son merecedores de una esclava doméstica que prepare los mejores chilaquiles del mundo y que aparte tenga un culo de ensueño.
Sin embargo, se nos olvida un minúsculo detalle. El primer paso (y uno de los más importantes) para alcanzar la autonomía, es la libertad financiera. Sin un ingreso propio una mujer se convierte completamente dependiente en su pareja y esto conlleva, aparte de las implicaciones tradicionales del hogar, tener un pase directo para tener que soportar abusos, perder su opinión en decisiones y dedicar su vida entera al dinero de su pareja. Las trad wifes al igual que las girlbosses, también tienen un jefe. Es su esposo.
Y las redes sociales lo hacen parecer perfecto, pero es porque no muestran niños llorando, violencia doméstica y el dolor de espalda después de haber planchado las 20 camisas de su esposo.
A final de cuentas, seguimos siendo capitalistas aunque vivamos en una granja y hagamos de forma artesanal queso cottage. El trad wife core busca venderte un estilo de vida, quiere llenar tu armario de faldas largas y tu alacena de pan de masa madre. La cuestión aquí es que quienes te seducen para depender de una figura masculina, no lo hacen en realidad.
Tú le vas a tener que pedir dinero a tu esposo para comprar un par de zapatos mientras ellas reciben monetizaciones de redes sociales y paquetes de public relationships. El sistema nos ha fallado de todas las formas posibles y por eso ahora la Gen Z y los Millenials están buscando salvación en el último recurso disponible. Los valores tradiciones y conservadores.
Si estos valores y sistemas no funcionaron en nuestros abuelos y padres, ¿por qué sí funcionarían en nosotros?
Y esto se los pregunto a todas las mujeres cuya dream career es ir a desayunar y a pilates, a los hombres cuyo objetivo es hacer el mayor capital económico posible porque si no sus novias los van a dejar, a los jóvenes que apoyaron la campaña de Xóchitl Gálvez y su partido político que busca que cosas tan básicas como el matrimonio igualitario o la despenalización del aborto no sean una realidad en todo México.
Like, ¿por qué eres panista si tienes 22 años wey?

