Luz Lancheros y la necesidad de ser bocazas
de Sofía Zavala
Es una lucha constante, toca demostrarlo con talento.

¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo?
Luz sitúa su pensamiento crítico, interés periodístico y necesidad perpetua de crear un análisis a su origen. El crecer en una familia de clase media, migrante y repleta de tensiones sociales en la que abundan discusiones sobre su origen, paradero y destino crean contrastes que se esconden detrás de tabúes. Lancheros inicia una labor desmaquillante de esos tabúes y comienza una misión crítica del entorno. Ella me explica a través de una expresión de Colombia: ser bocazas, el como crecer de esta manera te lleva a dos caminos. Adaptarte, callarte y creer que perteneces, o ser una bocazas, darte cuenta que jamás vas a pertenecer y comenzar a ser crítico.
Jeans colombianos y objetos fetiche.
En la moda colombiana existen una serie de cruces cargadas por los objetos que usan sus integrantes. Luz relata como, desde la universidad, marcas extranjeras como American Eagle o Gap eran relevantes para la aceptación social y el estatus de una persona. El llevar marcas extrajeras o prendas de casas colombianas que son percibidas como lujosas, como Arturo Calle, le podía brindar a un individuo una promesa de movilidad social. Sin embargo, la periodista establece que dicha promesa se ha diluido en los últimos años debido a guerras, recesiones y un sistema que se precariza poco a poco. Ahora un botón es solo un botón y su brújula aspiracional ha sido saboteada por los imanes de la modernidad.
El mercado y la moda son nociones que son inherentemente atravesadas por el territorio y todo aquello referente a la geopolítica. Adidas, por ejemplo, representa no solo una marca aspiracional para la sociedad colombiana, sino que se entremezcla con la idea patriótica al producir la camiseta oficial de la selección colombiana. Por su lado, Luz Lancheros también relata como H&M Y Zara, dos marcas de moda rápida, se han logrado posicionar en el mercado a pesar de que varias de sus contrapartes han salido en bancarrota del país, como GAP por ejemplo. Zara en Colombia conlleva una denotación diferente a la que tiene en España, menciona Luz, al ser costosa debido a los aranceles. Gracias a los costos, los códigos visuales que ha manejado la tienda en sus más recientes colecciones y el constante acercamiento a diseñadores de alta costura como Galliano, Zara ha posicionado su valor de marca en un estatus enfocado a clase media alta.
Sin embargo, la moda globalizada y el consumo de las élites bogotanas no imagina siquiera alcanzar la derrama económica y el impacto sociocultural que representan los jeans colombianos. De acuerdo con Luz, estos jeans favorecedores al cuerpo, con mezclilla ajustada y juegos de teñido son el producto textil que más le brinda ingresos al país. Relata ademas como en los eventos de moda en Colombia existen dos clanes importantes que contrastan entre ellos: la élite que viste diseño, que posa, y baila techno pero que no tienen un centavo y los dueños de marcas de jeans colombianos que beben a la par de Uribe y demás exponentes del regional colombiano que son quienes cumplen en realidad el gusto masivo del país.
Muñecas de la mafia y movilidad social.
La entrevistada me explica como Colombia tiene una manera particular de dividir a la población mediante estratos, estos se encuentran numerados del 1 al 7 y la pertenencia a alguno de ellos recae en capital económico y social. Como extranjera, me resonó bastante la aparente facilidad con la que puede ser definido el estrato social. Mientras que en México nadie sabe qué es porque todo mundo dice ser clase media pero en realidad nadie gana lo suficiente como para serlo, en Colombia el bartender me afirmaba su pertenencia al estrato 3 mientras me servía una cerveza.
Los cánones de belleza de Colombia han sido estructurados mediante una aspiración y promesa de movilidad social. Miles de mujeres que mediante su belleza buscan avanzar en el estrato y el mercado nacional de la cosmética, moda y pornografía es un reflejo de ello. Durante los noventa, la belleza en el país fue moldeada en consecuencia a la situación del narcotráfico; hombres y capos que moldeaban a sus mujeres a imagen y semejanza de sus inspiraciones en Miami. Culo, tetas, rinoplastias y liposucciones desvanecían el cuerpo vulnerable de una mujer que solo buscaba ascender social y económicamente.
Luz toma estos hechos para explicar y darle salida al foco que contiene Colombia en su cánones de la belleza, ella explica que esta serie de exceptivas en conjunto al contraste de la la moda del norte global han resultado en la creación de una estética en donde el cuerpo y la latinidad mantienen un auge. Marcas colombianas como Studio F han reconfigurado estos códigos, expandido su mercado y entrado en tendencias globales pero aún conservando los parámetros de la belleza colombiana. Este pudo ser comprobado de primera mano gracias a la recomendación de Luz. Posterior a la entrevista fui al centro comercial El Retiro y sobre la misma calle entre a Studio F. Las diferencias de la adaptabilidad del mercado fueron evidentes encontrar pantalones colombianos en la tienda, mientras que en México Studio F se apega más a una linea de tendencias, muy parecido a Stradivarius.
A pesar de los rastros del pasado, Colombia de la mano de Uribe en el 2002 emprendió un viaje de resignificación social en el que buscaron deslindarse del pasado del narcotráfico y dejar de glorificar delincuentes. La moda en reflejo a esta situación inicia a buscar puntos en común con la estética europea.
Sin embargo, aún Colombia no ha encontrado fórmulas alternas de movilidad social que no evoquen el pasado. Lo que en México son lo alucines, tiene su equivalente en Colombia, pero realmente sin un nombre definido por el costo que implica reconocerlos, pues el narco es una herida abierta aún en la sociedad y glorificar a estas figuras implica una sanción moral importante.
Ocupar el espacio
Por último, la periodista Luz Lancheros se encargó de llevarnos a través de una recapitulación de su carrera y la manera en la ella ha tenido que ocupar el espacio. “En Colombia siempre se quiere aparentar ser más que el otro al tener una sociedad estratificada”, menciona. Por lo que los espacios que pertenecen a la élite se encuentran amurallados, sin embargo, Luz accedió a ellos mediante el talento.
“Hágame números y usted escribe lo que quiera” le dijo su jefe en Publímetro, y así fueron llegando artículos sobre moda musulmana, Los Juegos del Hambre y demás eventos sociales y culturales que interceptan temas actuales con fenómenos culturales relevantes al cumplir con la promesa de un flujo de audiencia mediante la elección de temas actuales. La entrevistada establece que la moda puede ser leída por todos si se escribe desde una visión critica y que enlace la moda con la actualidad, como una de sus últimas publicaciones en las que aborda la violencia estética mediante el caso de la mujer que fue desaparecida al realizarse un procedimiento estético como lo fue una liposucción y aumento de busto.
Con la premisa de que la gente conecta más con la moda a través de lo que pasa, Luz Lancheros ha logrado posicionar su lugar en el periodismo a pesar de críticas verbales del pasado: pobre, resentida y mal vestida. A pesar de que esas críticas ya no ocupan un lugar tan público, ella relata como le buscan hacer saber que no pertenece a esos espacios con la mirada.
Express
¿Mundo editorial?
Muy pequeño, reducido, decadente y terrible.
¿Cuál es tu utopía de la moda colombiana?
Visibilidad a quien lo merece, nuevas propuestas, creación de un relato nacional de moda.
¿Quién lo ha estado haciendo bien?
Sin echarme flores, pero yo, gracias a mi mirada en Marie Claire hemos podido hablar de falsos positivos, madres buscadoras, feminismos y resignificación de símbolos de violencia.
¿Influencers en eventos de moda?
No.